Apreciados integrantes del comité directivo de la Academia Nacional de Ciencias Económicas

Amigos presidentes y directores de las Academias Nacionales.

Distinguidos Individuo de Número y otros miembros de las Academias Nacionales.

Honorables autoridades universitarias.

Representantes del cuerpo diplomático.

Señores invitados especiales.

Señoras y señores, amigos todos.

 

La culminación de una gestión debe llevar a quienes tuvimos la responsabilidad de su manejo, a reflexionar sobre las actividades realizadas: lo que hicimos, porque lo hicimos, cómo lo hicimos y cuáles asuntos quedaron pendientes.

La ocasión de la entrega de la presidencia de la Academia Nacional de Ciencias Económicas a mi estimado colega Humberto García Larralde,  es oportuna para realizar dichas reflexiones, transcurridos cuatro años de desempeñarme como presidente de esta corporación; función que realicé con la asistencia de los otros miembros del Comité Directivo saliente: los académicos Hayde Castillo, Luis Zambrano Sequini, José Rafael Zanoni, Aníbal Fernández, Eduardo Ortiz y Humberto García Larralde, quienes en distintas oportunidades se desempeñaron en forma exitosa y dedicada a los diversos cargos de Vicepresidente, Secretario, Tesorero y Bibliotecario. Es también menester mencionar a Enzo del Bufalo quien, generosamente, ocupó la dirección de la revista Nueva Economía.

Vaya a todos ellos mis más sinceras manifestaciones de agradecimiento ya que sin su apoyo y colaboración no habría podido cumplir con las obligaciones y tareas inherentes al cargo que hoy entrego.

Muy difíciles fueron los años en que nos tocó dirigir esta corporación. El Estado autocráticamente dirigido, aun en tiempo de bonanza económica, limitó la disponibilidad de recursos para acometer proyectos y realizar las actividades normales de la institución; que dependen casi exclusivamente de los recursos provistos por la vía presupuestaria gubernamental; aunque la Fundación Alberto Adriani y la Asociación para la Promoción de las Ciencias  Económicas: instituciones sin fines de lucro, hicieron aportes para la realización de eventos relacionados con el estudio y discusión de la coyuntura económica durante el lapso 2012-2015; y en algunos casos sufragaron en su totalidad las publicaciones relacionadas con dichos eventos y con las observaciones que tuvimos que hacer al gobierno nacional en cumplimiento de nuestros estatutos con relación a las erradas disposiciones que dictó y que han llevado a la crítica situación en que vive el país.

Es oportuno indicar que al final de esta solemne sesión, se hará entrega de un folleto contentivo de las observaciones que la corporación hizo llegar a las autoridades nacionales.

Al respecto de los limitados aportes que hizo el gobierno a la institución para sufragar los gastos corrientes, debemos señalar que, si bien es cierto que en el pasado año de 2015 el Estado contó con menos recursos provenientes de la exportación de petróleo, también es cierto que si dichos recursos se hubieran encausados a gastos de inversión reproductiva, en lugar de promover sus actividades diplomáticas, buena parte de las dificultades que sufre la sociedad venezolana pudieron haberse evitado o al menos disminuirse sensiblemente.

No es mi intensión repetir aquí lo que ya hemos dicho otras veces en nuestras publicaciones; pero creo que sería imperdonable no resaltar que las causas inmediatas de la agonía de la economía venezolana en el pasado reciente y las que se sufrirá este año de 2016 son muy obvias.

La cuenta comercial con el exterior  con estimaciones para las exportaciones por $18.000 millones e importaciones esenciales: alimentos y medicinas por el orden de $ 30.000 millones, acusará un déficit de $ 12.000 millones; lo cual, frente a unas reservas internacionales de $15.000 millones las dejará en solo $3.000 millones; suma que resulta insuficiente frente a una deuda externa (soberana y corporativa) de $ 15.000 millones.

Cierto es que la deuda externa no es exigible de inmediato en su totalidad; pero la relación reservas internacionales, deuda externa señala que el país cuenta con solo 20 centavos de dólar, por cada dólar adeudado; relación que hace presión sobre el tipo de cambio, haciendo previsible un incremento importante de la inflación.

En lo relativo a la situación de PDVSA, los costos estimados de producción, según fuentes internacionales son de $/b 23.50[1]; mientras que el precio estimado para la exportación es $/b 20.0. Así, el flujo de caja previsible arrojaría perdidas corporativas en el negocio de exportación; a las cuales hay que añadir las pérdidas provenientes del mercado interno.

El comportamiento fiscal también se prevé deficitario; lo cual se financiará, al menos en parte importante, con emisión monetaria del BCV; lo que también redundará en incremento de la inflación; sin que los gastos previstos para la inversión sean suficientes para contener el desempleo abierto y el subempleo existente.

Dentro de este contexto, cabe destacar que el decreto de emergencia propuesto por el gobierno no podía corregir ninguna de las circunstancias mencionadas; puesto que el crecimiento de la producción nacional no se lograría en el corto plazo, ni en condiciones de cooperación consentida con el sector privado y mucho menos si se aumentan las restricciones, como preveía el proyecto de decreto en áreas tan sensibles como el control y traspaso de las operaciones de producción, distribución y mercadeo a colapsadas agencias públicas.

También debemos señalar que son, altamente ilusorios, los deseos gubernamentales de que el Estado iraní no inunde el mercado petrolero, con un mínimo de 300.000 b/d. Lo cual junto a la desaceleración del crecimiento de la economía china, hará más que probable  la estimación de precios internacionales para el petróleo inferiores al costo de la producción en Venezuela, como acabamos de mencionar. 

Pensando en salidas hipotéticas una podría ser cobrar las facturas pendientes de la región caribeña; si el gobierno cambiase su política internacional en dicho espacio. Factura con PDVSA que se estima en $ 50.000 millones. ¿Se atreverá el gobierno a pasar de la hipótesis al cobro relancino? ¿A cuánto se reduciría la liquidación de dicha acreencia en el mercado financiero mundial? Por supuesto el gobierno tendría que escoger entre seguir castigando al pueblo venezolano o salvar su política de comprar votos en los foros políticos internacionales.

Pero debemos decir muy claramente que el problema político – económico del país es, en mi opinión, más grave que lo diagnosticado como emergencia; porque lo económico y lo político, como todos sabemos, están íntimamente relacionados.

Una opinión muy difundida es que el desenvolvimiento socioeconómico de Venezuela es aceptable cuando el petróleo provee los recursos suficientes; y que la calamidad se desata cuando los precios caen; con lo cual aparecen las tensiones políticas.

La historia nos dice que si el marasmo económico es suficientemente severo, las fuerzas políticas llegan al extremo de querer adentrarse en la ruta del cambio drástico de gobierno, rompiendo el llamado hilo constitucional; sin saber si el nuevo gobierno podrá acertar con las medidas necesarias; corriendo el riesgo de que la inestabilidad política agrave el malestar social.

La conducta razonable, en todo momento es minimizar los riesgos, sean estos políticos o económicos. Al respecto, la percepción que tiene el pueblo llano, de cual debe ser la conducción del Estado, sufre ante la incertidumbre provocada por una escasísima información que no le es fácilmente accesible; colocándolo en situación de anomia política o dentro de un circuito del miedo, entre dos prototipos extremos: un zombi proletario, pendiente de las dádivas y un ciudadano exasperado que intenta defender sus posesiones con actos violentos.

En estas circunstancias, los órganos naturales para dirigir la conducta de la población: los partidos políticos resultan inermes o terminan siendo cómplices de cualquier solución improvisada. Lo grave de esta circunstancia es que, bajo el régimen presidencial, los cambios de gobierno están prefijados por las fechas electorales y tales lapsos pueden ser demasiado largos para enfrentar adecuadamente el marasmo económico.

Tal inconveniente no se presenta en el régimen parlamentario, donde los partidos pueden, cambiando alianzas, ajustar su acción al tiempo real requerido para efectuar el cambio de conducta del Estado.

De allí que, después de 200 años de intentos de convivir con el régimen presidencial, y de repetidas y trágicas rupturas del hilo constitucional y de sobresaltos por las perspectivas de golpe de Estado, parece llegado el momento de propiciar un cambio de régimen constitucional, que elimine el riesgo de que la coyuntura política profundice el marasmo económico.

En otras palabras, las crisis económicas tendrían mayores posibilidades de corrección si la organización del Estado proveyese de las decisiones oportunas.

Volvamos de nuevo a nuestro mundo académico y digamos que cuando nos encargamos de la dirección de esta corporación nos propusimos abrirla  a la realización de actividades con otras instituciones académicas. Así lo hicimos con el foro sobre la actividad petrolera realizada con el IESA (La economía del petróleo en la Venezuela contemporánea) en ocasión de que dicho instituto festejara  su quincuagésimo aniversario de fundación. También estuvimos representados, con participación activa, en foros de la Universidades, Metropolitana (Simposio “La política internacional en una nueva visión compartida de país) y de Carabobo (“Heurística Contemporánea de la investigación”), actividades que fueron complementadas con intervenciones de distinguidos profesionales en torno a la marcha de la economía nacional, continuando las iniciativas de Pedro Palma y antes de él de Astrúbal Batista.

Aquí debemos resaltar la participación de la Academia en la iniciativa del comité interacadémico en la elaboración y publicación de estudios multidisciplinarios como los relativos a la educación universitaria; a la situación energética en Venezuela y al quebranto de la situación institucional.

Entre los asuntos que quedaron pendientes están los homenajes que debimos rendir a los ilustres académicos fallecidos recientemente: en particular T. E. Carrillo Batalla, D. F. Maza Zavala y J. Chi Yi Chen.

Señores académicos, amigos todos que hoy nos honran con su presencia que agradecemos sinceramente. Al culminar esta gestión puedo manifestarles la satisfacción que experimenté a lo largo de estos años fueron realmente gratificantes y dejarán una huella imborrable en mi memoria. Fue para mí particularmente grato presidir las sesiones de incorporación de  3  nuevos Individuos de Número y de un miembro correspondiente, algunos de los cuales me acompañaron en el Comité Directivo, o que hoy se juramentan como nuevas autoridades de esta institución.

Deseo terminar con mi agradecimiento a las diferentes personas que me brindaron su apoyo y solidaridad. A ellos les debo todos los aciertos y logros alcanzados, ya que sin su participación decidida, muy poco o nada habría podido darle a esta institución. En primer término, deseo agradecer la confianza que depositaron en mí los Individuos de Número al elegirme como presidente para los dos períodos que hoy terminan.

A los otros miembros del Comité Directivo que me acompañaron, les quedo profundamente agradecido por la dedicación, esmerado trabajo y colaboración que caracterizó su gestión. En este sentido debo manifestar mi profundo agradecimientos a: Luis Zambrano Sequini,  Aníbal Fernández y a José Rafael Zanoni, que en distintos momentos se desempeñaron como vicepresidentes. A Eduardo Ortiz debo agradecerle su excelente labor como secretario académico; a Hayde Castillo la cuidadosa atención a su trabajo de bibliotecaria y supervisora de las publicaciones de la Academia y a Humberto García Larralde su preocupación como tesorero.

Vaya también mi palabra de gratitud y sincero reconocimiento a todo el personal administrativo que aquí labora; que siempre se esforzó por dar lo mejor de sí y brindar apoyo al Comité Directivo.

Creo que dicho Comité puede sentir la satisfacción de la labor cumplida, por haber logrado los objetivos que nos trazamos y que las fallas que pueden señalársenos son de mí exclusiva responsabilidad. Finalmente debo decir que dejamos los destinos de nuestra institución en buenas manos; no quedándome duda alguna de que la labor del nuevo Comité Directivo, que se juramentará en breve, será plenamente exitosa y redundará en el beneficio y progreso de esta corporación.

Muchísimas gracias.

 

Luis Mata Mollejas

 

Caracas, 27 de enero de 2016



[1]  Véase Rystard energy research and analysis report and http://www.rustaldenergy.com

   
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